Los osos que aún existen en la cordillera pirenaica, unos 40 ejemplares, provienen de Eslovenia o son descendientes de los ejemplares reintroducidos y que se mezclaron con los pirenaicos que aún vivían entonces, como es el caso de Neré, el oso que más frecuenta ahora estos valles.
Los osos son animales populares e inconfundibles. Los adultos pueden medir de 1,5 a 2 m de longitud, 1 metro de altura en la cruz y superar los 200 kg en los machos. Las hembras son de menor tamaño y peso, entre 80 y 120 kg. Se estima que la longevidad de la especie en estado silvestre es de 25-30 años.
Cuenta con una visión mediocre. El oído, en cambio, es muy agudo. Pero, sin duda, su sentido más desarrollado y el que más les ayuda en su vida cotidiana es el olfato.
Los osos prefieren áreas con densa cobertura vegetal, donde encuentran refugio, alimento y protección, evitando en gran medida los espacios abiertos. Habitan preferentemente entre los 1.300 y los 1.800 metros de altitud. La dieta está integrada básicamente por herbáceas y otras plantas, bayas y frutos secos. También se alimentan de carroñas o depredan ocasionalmente animales domésticos y silvestres. Buscan paneles y hormigueros para saborear la miel y consumir los insectos y sus larvas.
En invierno, los osos se guarecen en oseras, donde pasan no solo el largo y sensible período de la hibernación, sino donde tienen también lugar los partos. Durante el mes de enero ocurre el nacimiento de la camada, que está integrada por una a tres crías. Pesan al nacer tan solo 350-400 gramos. Los oseznos acompañan a su madre hasta los 16-18 meses de edad.
La población osera pirenaica original contaba con 200 osos a comienzos del siglo XX. Pero tras la muerte de Canelle en 2004 en Francia, la última osa autóctona de los Pirineos, y la muerte natural del viejo Papillon –a la edad de 29 años- lo que quedaba de la población osera nativa de estas montañas era el macho Camille, que con más de 25 años, también se da por muerto desde 2010.
En 1996-1997, en 2006 y en 2018, se reintrodujeron ejemplares de origen esloveno (hembras preñadas) que se han adaptado y reproducido. En las dos vertientes del Pirineo viven actualmente al menos 60-65 osos. Los valles de Roncal (Navarra), los de Ansó y Hecho (Huesca) y Val d’Arán y Pallars Sobirá (Lleida), son áreas muy querenciosas y frecuentadas.
El oso es un animal tan escaso y esquivo que pocas veces se deja ver. Sin embargo, huellas, excrementos, arañazos y mordiscos en árboles pueden revelar la presencia del plantígrado.
Cuando camina sobre terreno embarrado o nieve, quedan marcadas claramente la palma, los cinco dedos y las uñas. Los excrementos son de un tamaño considerable y pueden apreciarse restos semi-digeridos, como fragmentos de hierbas o de bayas y frutos secos.
Los arañazos y mordiscos en las cortezas de los árboles suelen estar a una altura de entre uno y dos metros.
El oso pardo tiene generalmente miedo del hombre y lo evita. En el caso improbable de un encuentro con un oso a corta distancia, conviene:
• Permitir que el oso pueda identificarnos manifestando nuestra presencia y dejándonos ver y oír a distancia suficiente.
• Movernos sin hacer aspavientos y sin brusquedad.
• No cortarle el paso ni bloquear las posibles vías que pudiera utilizar en su huída.
• Alejarse despacio del lugar y del itinerario que el oso podría tomar.
• En el caso de encuentro con una osa y sus oseznos, no interponerse nunca entre la madre y sus crías.
Textos: campaña Pirineos con osos